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  • Arturo Téllez

Por un País más Flexible


A propósito de manifestaciones y paros, el otro día me preguntaba qué tan preparados estamos –laboralmente hablando- para enfrentar una contingencia en la cual o no podamos desplazarnos o simplemente no podamos ingresar a nuestro sitio de trabajo.

Mucho se habla de las nuevas tecnologías de información y entre ellas se destaca la movilidad que trae como resultado algunas tendencias como BYOD o esquemas de trabajo como Home Office. Sin embargo, considero el concepto es hoy día mucho más amplio y se extiende a “ejecutar el trabajo de forma flexible, desde cualquier lugar u horario diferente al de la empresa”. De acuerdo con las cifras de una encuesta realizada por Netmedia a principios de este año, en México el 50% de las empresas considera la movilidad como una de sus prioridades estratégicas, principalmente por la oportunidad para transformar su relación con clientes y empleados.

Sin embargo, mi asombro fue saber que ante reciente llamado de movilización social que amenazaba con detener la operación de una parte importante de la capital del país, muchos de mis colegas, ni siquiera contemplaban el Home Office como una posibilidad, pues sus empleadores y/o clientes privilegian la presencia física, lo que derivó en reagendar reuniones o compromisos en muchos casos.

Hace algunos años tuve la oportunidad de visitar en Madrid, España el corporativo de reconocida firma de telefonía y me sorprendió ver cómo en ciertas áreas la cantidad de personas en sitio era mínima. Solo se apreciaban espacios modulares dispuestos a ser utilizados por quien llegara. Un par de años después, visité el corporativo de la misma firma en México, D.F. y mi sorpresa fue ver una torre excedida en capacidad por más de un millar de personas. Le pregunté a la entonces Directora de Marketing, a qué obedecía semejante diferencia entre su corporativo y la oficina de este lado del charco y me expresó que en México estábamos a muchos años de lograr la adopción del Home Office, debido a un tema cultural.

Su respuesta me dejó por estos años dando vueltas en la cabeza y peor aún, generándome nuevas interrogantes… ¿Acaso todas esas nuevas tecnologías son para muchos otros países excepto México? ¿Somos los mismos usuarios los que nos resistimos al aprovechamiento de la tecnología en beneficio nuestro y de la organización? ¿Qué hay de las campañas que las mismas empresas enarbolan al hablar de ser empresas que usan la tecnología como un diferenciador? Y más preocupante aún, ¿qué hay de las áreas de TI que deberíamos ser las primeras en promover el uso de nuevas tendencias?

De acuerdo con Scientific American, México es el tercer país en América Latina con el mayor número de personas que trabajan en Home Office; sólo por debajo de Argentina y Brasil, dato que por cierto me parece cuestionable. Pero lamentablemente, muchos de los estudios justifican la adopción de este esquema flexible de trabajo en términos de ahorro en costos, como resultado de la “eliminación” de puestos físicos de trabajo, pero pocos o ninguno refieren los ingresos o pérdidas por productividad.

Sin duda, existen algunos aspectos esenciales para garantizar el éxito en su adopción. Un ancho de banda decente, un canal seguro y/o herramientas de protección contra malware, espacio de trabajo (equivalente a la oficina), una disciplina a prueba de distracciones y sin duda, incentivos o retribuciones para su adopción.

Con respecto al ancho de banda, hay asuntos importantes por resolver relacionados con los jugadores en el mercado tanto en tema de precios como de calidad. Pero dado que lo que hoy tenemos en México es de la misma

mala calidad, no hay mucho por hacer más que sobrevivir con la oferta existente.

En el tema de seguridad, hoy existen un sinnúmero de soluciones integrales que permiten establecer los mecanismos necesarios para estar salvoguardados de hacking o malware, ya sea a nivel personal o como parte de una solución empresarial.

Acerca del espacio de trabajo y la disciplina se requieren establecer las condiciones y premisas para no caer en las tentaciones del internet, asuntos domésticos en el hogar o la distracción por el exterior. Aquí me parece oportuno puntualizar el extremo de la misma cuerda, el aspecto psicosocial de la no-convivencia al perder toda interacción física con los compañeros de trabajo, lo cual puede salvarse con herramientas de colaboración y un adecuado sistema de retroalimentación, que le permita al empleado saberse parte de un grupo y conocer su contribución a los objetivos del mismo.

Por último, los incentivos que la empresa ofrezca deben asociarse con una retribución como el pago de la factura del internet, la entrega del dispositivo móvil requerido o disponer de tiempo personal adicional. Pero para ello, es necesario establecer indicadores que nos ayuden en la evaluación y por supuesto, el seguimiento de los resultados con este esquema. Conozco empresas -las menos- con una adecuada adopción del Home Office, que no ven mermada su productividad pues existen herramientas que permiten determinar la productividad del empleado bajo este esquema y tomar las acciones pertinentes.

Definitivamente, no es un tema privativo de TI y mucho menos de México. Pero me parece particularmente interesante resaltarlo. Primero por la proclividad que debiéramos tener en las áreas de TI al aprovechamiento de las nuevas tecnologías, segundo por lo que hoy representa TI como piedra angular en la operación de la empresa y por último, dada la recurrencia en manifestaciones y protestas que entorpecen el desarrollo de un día normal de trabajo.

No es mi intención desincentivar la adopción de una tendencia cada vez más marcada. No podría. Si bien el Home Office no es para todos, ni en todas las circunstancias, es hoy una realidad y solo es cuestión de romper paradigmas como el de que la productividad de la compañía únicamente se da sentados en nuestra oficina enfrente de la computadora.

Con relación a la manifestación convocada con el propósito de paralizar la ciudad, afortunadamente no se tuvo un impacto grave en la productividad de las empresas, como algunos hubieran deseado. Por lo que, estoy convencido que el paradigma más importante por modificar es sobre nosotros mismos. Unos cuantos no pueden detener el avance de este país y para ello debemos movernos a un esquema más flexible, tanto en lo laboral, cultural y social.


© 2020 by Arturo Téllez Mejía

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