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  • Arturo Téllez

¿Adoptar o no adoptar nueva tecnología? Esa es la cuestión


Recientemente me preguntaban en un foro de discusión, cuál debía ser el driver para la adopción en la empresa de nuevas tecnologías o tendencias. Mi respuesta inmediata es que debían tomarse en cuenta 3 aspectos esenciales: Nivel de aversión o proclividad al riesgo por parte de la Dirección, nivel de innovación y, la visión que el negocio tiene de las de TIC.

Sin embargo, reflexionando más detenidamente, la realidad es que es una cuestión compleja porque involucra un sinfín de variables y atributos que podemos básicamente agrupar en 4 dimensiones de la tecnología: Riesgo, costo, madurez y valor. Antes de decidir adoptar o no tal o cuál tecnología, necesitamos hacer un análisis minucioso sobre cada de una de ellas.

Riesgo

Esta dimensión deberá medir el riesgo de adoptarla o no. ¿Qué pasará si una vez implementada la tecnología falla? ¿O si los usuarios no la aceptan, sea cual sea la razón?. ¿O si los beneficios prometidos no son logrados?. ¿Cuál es la tasa estimada de obsolescencia? Es decir, ¿cuánto tiempo transcurrirá antes de requerir una nueva tecnología? Y un aspecto altamente relevante es el entorno regulatorio, el cual sin duda está cada vez más presente en cualquier sector/industria.

Costo

En esta dimensión, es imprescindible determinar el costo total de propiedad (TCO – por sus siglas en inglés), que no es otra cosa que la suma total de los costos directos e indirectos de cada fase del ciclo de vida de la tecnología. Es práctica común, que sólo identifiquemos como parte del costo, la adquisición de hardware, software e implementación, y esta última siempre y cuando sea ejecutada por terceros. La realidad es que es debe incluir también al humanware, ya sea por capacitación y/o mantenimiento, incluso si se lleva a cabo con recursos internos.

Otro atributo de esta dimensión, es el costo de disrupción por los cambios a los procesos, arquitectura y prácticas de trabajo derivados por la inserción de dicha tecnología.

Sería igualmente útil, identificar el costo de oportunidad que resulta de no destinar los recursos financieros y humanos a implementar alguna otra tecnología o simplemente mantener la actual.

Madurez

Es necesario evaluar la tecnología en cuestión respecto a su nivel de madurez en términos de su interacción con otras tecnologías, y nivel de adopción en nuestra industria/sector. O podemos revisar qué han hecho en otras industrias con dicha tecnología o alguna similar; si lo que buscamos precisamente es la innovación o diferenciador como empuje estratégico, al ser los primeros adoptantes.

Valor

Esta dimensión deberá darnos claridad y precisión sobre cuál será nuestra aportación al negocio con la inserción de dicha tecnología. ¿Qué tanto en términos cuantitativos estaremos contribuyendo a las metas del negocio?. ¿Cuál será el retorno de inversión?

Independientemente de la tecnología que nos venga a la mente, cuando nos cuestionemos sobre adoptar o no determinada tecnología en la empresa, será provechoso hacerlo comparando esa alternativa versus el mantener la actual tecnología o versus la implementación de alguna otra similar.

Tener una perspectiva real de estas cuatro dimensiones, apunta a contar con una visión estratégica de la tecnología. Por lo que seguiré insistiendo, que las habilidades que hoy se requieren de un CIO -o su equiparable dependiendo del tipo y tamaño de la compañía-, van más allá de lo técnico.

Es sumamente valioso contar con habilidades financieras para poder plasmar en blanco y negro – o dólares y centavos- si debemos o no adoptar una nueva tecnología, y no conducirnos por caprichos o modas.

Finalmente, el análisis para tomar la decisión no es un ejercicio aislado, ni único en el tiempo, pues demanda la interacción y retroalimentación constante con las áreas de negocio y la Alta Dirección.


© 2020 by Arturo Téllez Mejía

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