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  • Arturo Téllez

Evolución Digital, Revolución Personal


Educación Digital

Es cada vez más frecuente escuchar hablar sobre la transformación digital de las organizaciones.


Hoy día el adjetivo digital lo colocamos casi a todo; habilidades, plataformas, comunidades, negocios, etc., y aun cuando el concepto ha evolucionado a la par de lo que las empresas, personas y sociedad en conjunto lo hemos hecho en términos globales, todavía tenemos mucho camino por recorrer al menos en México, pues de acuerdo con el iDX Business Digitalization, el índice de digitalización de los negocios en nuestro país era apenas del 64.6% en 2018.


La transformación digital surge a la par de la 4a. revolución industrial que se caracteriza por el uso del cómputo en la nube, la robótica y la inteligencia artificial entre otras tecnologías; y va más allá empleando recursos digitales y no digitales con el fin de ofrecer al protagonista principal –el cliente- una experiencia única diferenciándose así de la competencia. Si bien el término está principalmente asociado con las empresas, es prácticamente imposible imaginar que el resto de los entes que interactúan con el ecosistema organizacional -Gobierno, sociedad y profesionistas-, no se vean afectados.


Durante los últimos 5 años se ha señalado como deadline el 2020 para encontrarnos en esa realidad digital en los negocios. El punto es que el 2020 ya está más que a la vuelta de la esquina, y al parecer todavía muchas empresas y sus colaboradores aún desconocen lo que la digitalización les requerirá y cómo les afectará. La realidad es que esta transformación o disrupción digital no es algo que venga, es algo que ya está y lo único que nos queda es aprender a surfear en este mundo digital.

Atención. Cabe señalar que ser digital y/ contar con destrezas digitales va más allá de publicar en Instagram, hacer home office o realizar nuestras compras del súper en línea.


Al respecto de las habilidades digitales que serán necesarias en el futuro, Gartner Group ha señalado que únicamente el 30 % de los empleados tiene las capacidades necesarias para realizar su trabajo y solamente un 20% cuenta con habilidades indispensables para trabajos actuales y futuros”.


La transformación empieza por transformarse uno a sí mismo


Por su parte, Vivian Lan Agami, directora de Singularity University, afirma que «En 2030, habrán desaparecido el 50% de los trabajos que existen hoy en día a nivel global“. ¿Cómo podemos hacer frente a una ola de la magnitud de un tsunami que amenaza con desaparecer millones de empleos a nivel global?


Si bien, al igual que ha sucedido en las revoluciones previas se estima que se crearán nuevos empleos, muchos de ellos aún no tenemos ni idea de cómo serán. La única certeza es que requerirán un alto componente personal, humano o emocional para hacer contrasentido a las habilidades duras que durante muchos años fueron y en algunos casos siguen siendo altamente valoradas.


En esta transformación muchos actores juegan un papel relevante. La academia, las instituciones públicas y/o privadas y principalmente los propios profesionistas. Podemos hablar largo y tendido de lo que los dos primeros tendrían que hacer, pero al final son elementos exógenos, de los que solamente como colectivo podríamos empujar a que algo suceda. En cambio, en el caso de los que profesionistas que hacemos girar la maquinaria de los negocios, la responsabilidad recae totalmente sobre nosotros, al dejar de resistirnos al cambio, autoempoderarnos y llevar a cabo las acciones correspondientes con el objetivo de mantener alto nuestro nivel de empleabilidad, destacando la más valiosa, la formación continua.


Así pues, si la transformación digital de las empresas no solo es ir de lo presencial a lo digital, ocurre lo mismo con la evolución digital que deben atravesar las personas al interior de las organizaciones y que exigen los tiempos actuales. Esta evolución digital implica una revolución personal en cuanto a nuevas capacidades, nuevos horizontes, nuevas actitudes pero sobretodo nuevos paradigmas.


Educación, educación, educación.


Por lo que, sugiero que más que esperar a que el destino nos alcance, declarándose una fecha y hora como oficiales para la digitalización, nos anticipemos y hagamos el autoaprendizaje nuestro hábito más valioso a partir de ya.


En el caso de las instituciones educativas, existe un reto importante en el rediseño de los programas de estudio desde el nivel básico hasta posgrado, así como en la adopción de nuevas herramientas y modelos educativos que faciliten la actualización a la par del vertiginoso cambio.


Por otro lado, a las organizaciones les corresponde reconocer la importancia del conocimiento y valor del capital humano y promover a través de la función de RRHH prácticas y mecanismos que faciliten dicha transición hacia lo digital.


En los tiempos en los que todo cambia con semejante velocidad, la única garantía que tendremos en el mediano y largo plazo, serán las capacidades que desarrollemos para mantenernos vigentes en lo laboral, lo social y lo personal. Y el único camino seguro para ello, es la educación y formación constantes en el desarrollo de nuevas destrezas y habilidades.


Publicado en AMEDRIH

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